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Notes
Pieces of parts of me

De nuevo Tokio

Tokio, otra vez.

El lienzo tridimensional del urbanismo inimaginable, efervescente y acogedor, permanentemente extraño y personalísimo.

Sus locales diminutos continúan desafiando la escala magnífica del esquema que resume los planos del transporte público, con sus ramas de líneas multicolores hundiéndose en las sub-ciudades. Bares que son menos que un pasillo, semiocultos tras las medias cortinas. Flanqueados por otros locales igualmente mínimos que sin embargo consiguen atraer la mirada y se hacen notar; poco importa que sea solo un local en una sucesión interminable de locales idénticos, que a su vez se replica al otro lado de la estación, en otra parte del barrio y en el otro extremo de la metrópolis. «Densidad» es la palabra.

Tokio. Los vagones de sus trenes se llenan de muchachas de piernas blanquísimas y delgadas, rodillas centrípetas, andar equino, cabellos finísimos, peinados impecables; cableadas, abrazadas al Louis Vuitton; envueltas como el resto de los pasajeros en electrónica portátil; cubiertas por pieles sucesivas de microfibra, plástico, cosméticos, autocontrol y ausente dulzura. Muchachas físicamente presentes, pero apenas conscientes de su propia existencia. Como el resto de los pasajeros. Las muchachas rotan en cada estación; aparecen y desaparecen, se maquillan, miran al suelo, juegan con el teléfono treinta minutos sin levantar la mirada, duermen con la cabeza en las rodillas, raramente hablan.

Una nueva barrera se ha sumado a las anteriores: a las alergias, la hipocondría y la consideración por la salud del otro se ha unido la psicosis de la pandemia de moda, y los japoneses se han envuelto en otra capa más. Más que nunca, la población se ha escindido en dos grupos: los que llevan mascarilla, y los que no. La consecuencia es que códigos nuevos están apareciendo, y los «enmascarillados» se comunican entre sí con las manos, con los ojos y con esa voz que surge atenuada desde el otro lado del tejido tenso sobre los labios. Tantos niños que deben estar aprendiendo a hablar lo están haciendo a base de mirar a los ojos de sus hermanos y a las manos de sus madres, pues la familia entera viaja de incógnito por la profilaxis. Una generación entera a la que le están racionando su dosis necesaria de sonrisas sinceras, dientes apretados, labios temblorosos, risas nerviosas, gestos cómplices… por fuerza tiene que crecer de otra manera, y comunicarse en otros canales.

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28 May 2009 3 comments so farJapan, Notes


Re-opening

Se estremeció al pensar que aquella vez podía ser, por fin, diferente. Que lo que sentía por la chica era real e iba a permanecer. Que por fin estaba poniendo a alguien por delante de sí mismo. Y que al hacerlo se sentía completo y feliz.

—De pronto me siento muy cansada — la oyó suspirar.

Él se incorporó y se acercó al sillón en el que estaba sentada. Sin decir una palabra acarició su melena negra con devoción y la besó en la cara.

—Pues duerme, no debes retrasarlo más. Salgo y te dejo sola.

Ella le sonrió y dejó caer los párpados. Estaba recostada en el sillón que siempre usaba.

Así que dejó el dormitorio cerrando la puerta tras de sí. La certeza que estaba creciendo en él le había dado un ánimo insospechado. Como quien acaba de llegar a lo alto de una colina y empieza con alegría el descenso, sintiéndose más liviano. Como alguien a quien dan una noticia enorme y buena.

Las imágenes del día no abandonaban su cabeza. Habían hecho el amor durante mucho rato, con violenta ternura. Recordaba la sensación de tener el cuerpo de ella apretado contra el suyo con tanta nitidez que creía sentir aún su calor en el estómago. Había algo especial en la forma en que ella le besaba, no había encontrado eso antes en ninguna amante; no sabía ponerle un nombre pero sentía que era una señal. Confirmando la sospecha de los últimos meses.

Había encontrado por fin lo que buscaba. Se sentía como un niño. Nada más iba a importar ya en el futuro si ella seguía perteneciéndole.

Y la empresa había cumplido el contrato. Si alguna vez tuvo dudas, éstas se habían esfumado en la felicidad y en la certeza de tantos días como aquél. Entró en el despacho y autorizó el último pago; nunca se había deshecho de tanto dinero con tanta satisfacción.

Al cruzar de nuevo el pasillo se detuvo frente a la puerta cerrada, se oía un suave zumbido tras ella. Calculó unas seis o siete horas más.

Decidió que a la mañana siguiente, cuando se le hubiese terminado de cargar la batería, le diría que la amaba.

 

(See the original opening).

23 Jan 2008 6 comments so farNotes


English summer rain

Y pasa el tiempo, y me duele igual. Igual que hace un año e igual que hace cinco. Y parece que nada cambia nunca.

“Always stays the same,
nothing ever changes.
English summer rain
seems to last for ages.”

— Placebo

Y no sé qué voy a hacer (pero algo tendré que hacer).

13 Mar 2007 3 comments so farNotes


Hogar

«Hogar» es tener la cabeza entre las piernas de la chica a la que amas.

27 Jan 2007 No comments yetNotes


Opening

Abrió sin esfuerzo los ojos y retiró un poco la sábana para refrescarse el torso. El radio-despertador marcaba una hora pequeña. Mirando al techo se rascó la coronilla; no tenía sueño. Ella dormía acurrucada dándole la espalda. Rodó por el colchón hasta quedar muy cerca, junto a su cuerpo desnudo, y comenzó a acariciarle suavemente el hombro y el brazo, tocando con su antebrazo el costado de ella. Le gustaba pasar los dedos (apenas la yema) sobre su piel caliente. Contempló en la penumbra su espalda. La escuchó respirar. Después apoyó la cara en su nuca, se inundó de su olor. Cerró los ojos otra vez. Siguió recorriendo con los dedos su cuerpo inmóvil, descendiendo desde la axila y hacia la cintura, y empezó a sentir una tranquilidad infinita. Se detuvo tanto tiempo en esa caricia que volvió a quedarse dormido antes de que su mano llegase a la cadera de ella.

29 Aug 2006 20 comments so farNotes