Posts Tagged ‘Japón’

Don’t use this map in Tokyo

Believe me, I was not wearing my Japanophile’s hat when I entered the cinema. I did a conscious effort to look at the screen in the same way I thought my friends were going to look at it. I didn’t nudge them and whispered the toponyms that, who knows why, are lacking in the story. I tried to see pachinko, love hotels and women-only carriages as if it were the first time. A story in Tokyo… What an exotic country, wonder what it’ll be like. So far away, isn’t it? Must be an amazing culture. Well, let’s see.

Still, Isabel Coixet‘s Map of the sounds of Tokyo fails to tell an engaging story; it is rather boring. If her intention was to leave spectators ‘craving for sex and sushi (sex and ramen, at any rate), it didn’t work for me.

As UnGatoNipón pointed out, dialogues are poor in general, and sometimes plainly silly. Long still shot. Silence. ‘Do you want a strawberry mochi?’ ‘No.’ Silence. ‘I can go and buy some, it’s no problem.’ ‘No.’ Long silence. If that is supposed to capture some profound, centuries-old Japanese introspective philosophy, I don’t get it.

And what with the dubbing. If it is usually just criminal the way most foreign films are butched and re-interpreted here in Spain (Spain hasn’t had a head of government who was fluent in any other language but Spanish for decades; certainly not during the current democratic period) the case with Map of the sounds of Tokyo, being it a Spanish film, is especially sad. The character of David is a Spaniard who has been living in Tokyo for two years and whose Japanese is, as he admits, not good. He’s supposed to speak in English with the Japanese characters. All that is dubbed into Spanish in the version that is being shown in Spanish cinemas, but from time to time there are words or common expressions that are spoken in Japanese.

Not only that, but it seems that the producers didn’t bother editing the subtitles appropriately: when David tells his colleague that Midori’s father called him baka (stupid) once, Sergi López is pronouncing the word in Spanish, and at the same time we read it in a subtitle in Spanish, which is quite confusing. Although I suspect that is a timing issue, and that subtitle is supposed to appear when the Japanese character repeats the word in Japanese.

What is even worse is that, as anyone who ever has had to move around Japan using English knows, communication in English with the Japanese is, more often than not, quite difficult. If, as it is claimed, Tokyo is a necessary protagonist in the story, i.e. if the same tale wouldn’t be conceivable in Lisbon or in Jakarta, you can’t avoid the issue of communication altogether.

The writer makes an attempt at disentangling clichés about Japan and the Japanese, but it seems to me that she only skims the surface, sometimes rather explicitly. David tells Ryu that in essence the Japanese are no different from his own people; and at the beginning, Midori’s father expresses his disgust about the flamboyant evening that has to be arranged to please his foreign business partners. But Coixet falls short of tackling those issues, and her Tokyoites appear as silent, shy, lonely ghosts with an unfathomable interest for the weirdest activities.

The worst thing about the movie is that it’s very slow, and so quiet. To me, Tokyo is a city of words, both written and spoken. It is a loud city. It is what Paul Waley calls ‘Tokyo as textual city’. I think that is why this representation of Tokyo doesn’t look realistic at all.

The scene when Bill Murray sings More than this at the karaoke… Sorry — I mean, the scene when Sergi López sings Enjoy the silence at the karaoke doesn’t convey any melancholy, and for me it was ridiculous.

To me, the first scene in the love hotel was everything but exciting. Maybe the others were a bit more evocative. Sex scenes were brave and sincere, that I must admit.

From the soundtrack, only One dove by Antony & the Johnsons makes the cut for me.

Bonus: if you really want a tender, funny, surprising film that leaves you craving for ramen and sex, go and watch Tampopo (1985). Here, an appetizer for the ramen part of it; here, something about the sex… and also food.

30 Aug 2009 8 comments so farFilms, Japan


Recomendaciones informales de viaje en Tokio

Una amiga se acaba de ir a Tokio por cuatro o cinco días, como parte de un viaje mayor por Asia. Me ha pedido algunas recomendaciones de lugares para visitar en Tokio y alrededores.

Empecé a escribirle un emilio, pero a medio camino se me ocurrió que esas recomendaciones podrían ser útiles para alguien más. Así que he transformado el mensaje en esta entrada.

Mis recomendaciones son absolutamente subjetivas, y a menudo no casan con lo que pueda decir la Lonely Planet, y ni siquiera con lo que pueda decir una guía de viajes de verdad. En general, están sesgadas hacia lo que a mí me interesa más: grandes ciudades (Tokio); urbanismo y arquitectura, especialmente contemporáneos; cultura popular; tecnología; rarezas; consumismo, dinero y excesos; localizaciones de películas o rincones con cierto simbolismo…

Ahí va una lista muy personal (no exhaustiva ni ordenada, pero con algo de chicha) de cosas a hacer y sitios a visitar, para cuatro o cinco días en Tokio:

  • En Tokio
    • El Miraikan. El museo de ciencia y tecnología en Odaiba, una isla artificial en la Bahía de Tokio. En el Miraikan hay maquetas y demostraciones de robots (el ASIMO de Honda está allí jugueteando con los visitantes), de trenes bala, etc. A la isla se va en una suerte de monoraíl atravesando el Rainbow Bridge (el Yurikamome; se coge en las estaciones de Shimbashi o Shiodome). Para mí, aunque solo fuese por ese viajecito y por las vistas desde lo alto de las vías elevadas (foto a la derecha) ya merece la pena visitar la isla. La isla es sobre todo un barrio de ocio, con centros comerciales, recreativos, más museos, restaurantes, paseos y parques. También hay en Odaiba algunos edificios famosetes, como el de Fuji TV y el Big Sight. Más sobre Odaiba y cosas para hacer allí.
    • Los museos en el parque Ueno. Ueno Park (en la parte norte/noreste de la ciudad) mola para pasear. Dentro del parque, o cerca, hay varios museos. Los dos más recomendados son el Tokyo National Museum (historia del país a través de objetos, obras de arte, etc.) y el National Museum of Nature and Science.
    • La lonja de Tsukiji. El mercado de comestibles más grande del mundo (dicen por ahí). Si vas muy temprano (yo ese día estaba en la calle a las 6:02) se ve toda la actividad mañanera, frenesí de carretillas, pescaditos gigantes, etc. y mola. ¡Ojo! Una amiga me ha comentado que al parecer se hartaron de tener turistas paseando por entre las montañas de bloques de hielo y dándole con el dedito en las escamas a los peces raros, y ya han prohibido el paso a los curiosos :¬(
    • El parque Hamarikyuu Teien. Está al ladito mismo de Tsukiji (en la zona de Shiodome). Creo recordar que hay que pagar un poco por entrar, pero es un ejemplo chulo de jardín tradicional japonés. Además, no es muy grande y está flanqueado por las torres de oficinas de Shiodome por la parte norte, lo que hace un contraste muy especial entre lo natural-viejo y lo artificial-nuevo (como se ve en la imagen de la derecha).
    • El Palacio Imperial. Está claro. A mí me decepcionó un poco. Pero me encontré con un viejo amigo ese día y lo visitamos más pendientes de nuestra conversación que de lo que estábamos viendo, así que puede que fuese por eso. Está en el centro de la ciudad, cerca de la estación de tren «Tokio» (el palacio, no mi viejo amigo).
    • Shibuya. El barrio, y el intercambiador de transportes homónimo. Aquí está el famoso cruce de Lost in Translation. Es un poco en plan Piccadilly Circus (o Times Square, supongo). Un hervidero; de noche es especialmente impactante. Por la zona hay pachinko, karaoke, love hotels, tiendas para turistas… Bueno, de eso hay un poco en todas partes.
    • Miradores en la ciudad. Tres señalados. El edificio principal del Gobierno Metropolitano de la ciudad (o sea, la sede del ayuntamiento); un rascacielos neo-gótico en Shinjuku al que se puede subir sin pagar para hacer fotos como la de la derecha. El segundo es el Caretta Shiodome; el mejor observatorio de la zona de Shiodome. Puedes subir gratis a la última planta y contemplar la lonja de Tsukiji y el parque Hamarikyuu Teien inmediatamente a tus pies, y más adelante, toda la bahía. Y finalmente, la Mori Tower; el monumento a la megalomanía del magnate Minoru Mori en Roppongi Hills. Aparte de visitar el mirador, pagando un poco más se puede acceder también al museo de arte y arquitectura que ocupa las últimas plantas. La Tokyo Tower se suele incluir en esta lista de techos de la ciudad, pero yo no he estado, porque creo que no merece mucho la pena.
    • Shinjuku. Aparte de rascacielos (como el del Gobierno Metropolitano) al lado contrario del inmenso intercambiador de transportes hay mucha actividad nocturna y galerías comerciales. Ahí está también Kabukichou, un barrio nocturno de callecillas estrechas y prostíbulos muy pintoresco.
    • Akihabara, el «barrio eléctrico». Para ver frikis, nerds, otakus, etc. (o si eres uno de ellos). Está lleno de tiendas de electrónica de consumo, ocio, cafés para leer manga, pornografía (legal y de la otra), gente joven… Si quieres comprar algún cacharro, será de los mejores sitios para hacerlo (¡asegúrate de que te descuentan el IVA enseñando tu pasaporte y el visado que te han grapado en él!).
    • Harajuku. Ahí está Omotesandou, una calle pija con marcas europeas, tiendas de joyas y de diamantes (como la de la foto), etc. Está bien verlo. Al otro lado de la estación de Harajuku está el parque Yoyogi, un parque donde se juntan los jovenzuelos disfrazados de las cosas más extravagantes. Tribus urbanas, góticos, lolitas, etc. Y en ese mismo parque está el Meiji Jinguu, un templo dedicado al Emperador Meiji, figura histórica imprescindible del Japón moderno.
    • Asakusa. Al noreste de la ciudad. Ahí están el Kaminarimon y el Sensou-ji: una puerta y un templo sintoístas, respectivamente. Son de los más famosetes y chulos de ver en la ciudad.
    • El barrio de Ginza (y de nuevo Omotesandou. Para compras (más bien caras).
  • Cerca de Tokio
    • Yokohama. Según el criterio que se escoja, puede ser la ciudad más populosa de Japón (lo que solemos llamar «Tokio» es en rigor una aglomeración de ciudades, como Londres). Yokohama está a menos de una hora de Tokio en tren. Allí se va principalmente a comprar (buenas calles comerciales), a pasear por el paseo marítimo, a comer… Hay un barrio moderno (el Minato Mirai) que se ha llenado de rascacielos y cosas extravagantes. Si vas, no dejes de visitar la Landmark Tower (la torre a la izquierda en la foto); se trata del edificio más alto del país (296 m). Se puede subir a la última planta (en el segundo ascensor más veloz del mundo mundial) y contemplar Yokohama y buena parte de los alrededores desde ahí arriba. Otro atractivo arquitectónico es el intercambiador marítimo del español Alejandro Zaera-Polo.
    • Nikko. Más lejos que Yokohama, pero también asequible para ir y venir en el día. Es un conjunto enorme de templos entre bosques; la combinación es desbordante. Este puente sobre el río que se ve en la foto es una imagen muy reproducida. Aparte de eso, hay un lago (Chuuzenji-ko) y una cascada (Kegon no Taki o Kegon Falls) muy cerca.
    • Kamakura. Otra buena excursión de un día desde Tokio (y más cercana a Tokio que Nikko). Se considera una de las antiguas capitales de Japón, y da nombre al periodo histórico entre 1185 y 1333. A visitar: el Buda gigante (Daibutsu) y los jardines llamados Hase-dera.

2 Aug 2009 3 comments so farJapan


De nuevo Tokio

Tokio, otra vez.

El lienzo tridimensional del urbanismo inimaginable, efervescente y acogedor, permanentemente extraño y personalísimo.

Sus locales diminutos continúan desafiando la escala magnífica del esquema que resume los planos del transporte público, con sus ramas de líneas multicolores hundiéndose en las sub-ciudades. Bares que son menos que un pasillo, semiocultos tras las medias cortinas. Flanqueados por otros locales igualmente mínimos que sin embargo consiguen atraer la mirada y se hacen notar; poco importa que sea solo un local en una sucesión interminable de locales idénticos, que a su vez se replica al otro lado de la estación, en otra parte del barrio y en el otro extremo de la metrópolis. «Densidad» es la palabra.

Tokio. Los vagones de sus trenes se llenan de muchachas de piernas blanquísimas y delgadas, rodillas centrípetas, andar equino, cabellos finísimos, peinados impecables; cableadas, abrazadas al Louis Vuitton; envueltas como el resto de los pasajeros en electrónica portátil; cubiertas por pieles sucesivas de microfibra, plástico, cosméticos, autocontrol y ausente dulzura. Muchachas físicamente presentes, pero apenas conscientes de su propia existencia. Como el resto de los pasajeros. Las muchachas rotan en cada estación; aparecen y desaparecen, se maquillan, miran al suelo, juegan con el teléfono treinta minutos sin levantar la mirada, duermen con la cabeza en las rodillas, raramente hablan.

Una nueva barrera se ha sumado a las anteriores: a las alergias, la hipocondría y la consideración por la salud del otro se ha unido la psicosis de la pandemia de moda, y los japoneses se han envuelto en otra capa más. Más que nunca, la población se ha escindido en dos grupos: los que llevan mascarilla, y los que no. La consecuencia es que códigos nuevos están apareciendo, y los «enmascarillados» se comunican entre sí con las manos, con los ojos y con esa voz que surge atenuada desde el otro lado del tejido tenso sobre los labios. Tantos niños que deben estar aprendiendo a hablar lo están haciendo a base de mirar a los ojos de sus hermanos y a las manos de sus madres, pues la familia entera viaja de incógnito por la profilaxis. Una generación entera a la que le están racionando su dosis necesaria de sonrisas sinceras, dientes apretados, labios temblorosos, risas nerviosas, gestos cómplices… por fuerza tiene que crecer de otra manera, y comunicarse en otros canales.

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28 May 2009 3 comments so farJapan, Notes