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Cómo ser progresista en 2026

· 9 min read

El gobierno de Pedro Sánchez es ya tal gangrena para la vida política en España que cada vez oigo a más comentaristas y veo a más personas de mi entorno apoyar abiertamente al «mal menor» que (según ellos mismos) supone el PP… cuando no directamente a Vox.

A mí me confunde un poco, y me incomoda, que la decisión tenga que orbitar entre lo abominable y lo repugnante. Por un lado, existen alternativas a los dos grandes bloques, y hace mucho tiempo que defiendo que se puede votar a los partidos pequeños, precisamente para que dejen de serlo. Por otro lado, si alguien se consideraba «de izquierdas» o «progresista» antes de que el concepto se distorsionase tanto (en España: antes de ZP), ¿no debería buscar alternativas realmente progresistas a este PSOE putrefacto, en lugar de abrazar el otro polo, el conservadurismo?

«Progresista» es una de esas etiquetas que a mí me gustaría poder ponerme, si no fuese porque para algunas personas parece significar lo opuesto que para mí (¡!). Me pasa lo mismo con la palabra «ecologista». Otros adjetivos que me gustaría colocarme sin vergüenza son «feminista» (pero eso me asociaría a algunas corrientes que aborrezco), «federalista» (si no pareciese que con eso apoyo manipulaciones de la Historia y delitos injustificables), y «liberal» o «libertario» (lamentablemente, en España esto a menudo se entiende como reaccionario al cuadrado o incluso extrema derecha).

Pastos más verdes

Si nos atenemos a la raíz de esos dos antónimos, «conservador» y «progresista», al núcleo de significado que permanece constante a lo largo de la Historia y en distintos lugares del mundo, parece claro que los primeros prefieren el statu quo (o sea, «conservar» lo que hay) y los segundos abogan por cambiar las cosas hacia estados nuevos («progresar»). En principio, ambas posturas parecen irreprochables. ¿Quién no querría conservar lo (bueno) que ya tenemos? ¿Quién podría oponerse a progresar como sociedad?

Salvar vidas

· 7 min read

Se calcula que entre 2015 y 2021 Amancio Ortega donó unos 600 o 700 millones de euros en total a la sanidad española, específicamente en detección temprana y terapias contra el cáncer y en equipamiento avanzado para protonterapia, a través de programas con varios sistemas de salud autonómicos y hospitales concretos.

Desgraciadamente, no existen estimaciones públicas del número de vidas que se esperan salvar con estos regalos; solo hay valoraciones cualitativas. Según la propia Fundación Amancio Ortega,

«[se podrán] salvar cientos de vidas cada año que ahora se truncan y ofrecer a miles de pacientes una alternativa de curación con tratamientos más cortos, mucho menos agresivos y con una mejora muy sustancial en su calidad de vida. [Se podrá] incrementar la esperanza y el bienestar de miles de pacientes y de sus familias

En cualquier caso, no hace falta ser un experto para esperar razonablemente que este despliegue de medios vaya a mantener con vida cada año a decenas o incluso a cientos de españoles que morirían en el contrafactual. En España, el valor estadístico de la vida (el coste marginal de evitar la muerte de una persona) se estimaba, hace dos décadas, entre 2 y 2'7 millones de euros. Redondeando hacia arriba el valor de una vida (3.000.000 €) y hacia abajo el monto de las donaciones (600.000.000 €) para hacer la estimación más conservadora, podemos estimar que los recursos donados por el empresario terminarán evitando la muerte de al menos doscientos pacientes.

Proton therapy

There really is no Theory of Everything in the social sciences

· 20 min read

1. The illusion

A few days ago, one of my libertarian friends shared this X post (in French) on a common Signal group. Here is an automatic translation into English of some parts of it:

“The whole thing comes down to 5 axioms. Humanity has been hoodwinked by making itself seem complicated. The social sciences, economics, political philosophy. Thousands of pages, dissertations, schools of thought, movements, counter-movements. To what end? A muddled mess in which nobody knows what is true any more. When in fact the whole thing comes down to 5 axioms.”

A mess

My only axiom

· 6 min read

By the time 12 [sic] Rules for Life became a well-known book worldwide, Jordan Peterson was already showing the first signs of intellectual decline (“I eat beef, and salt, and water. That's it. And I never cheat. Ever. Not even a little bit”). Or maybe not yet (“There's no such thing as ‘climate’. ‘Climate’ and ‘everything’ are the same word”). The thing is, I never bothered to read the book.

Not because I thought there would be nothing valuable in it — I had admired Peterson in the beginning, found myself in agreement with a lot of what he said back then, and the man is actually a good writer. But I considered myself sufficiently acquainted with his ideas, having discovered his earlier public lectures, his first interviews, etc. to read the book.

After that, it got only worse (the MAGA apologetics, the Biblical nonsense, the irritating ambiguity around the “God question”, the gratuitous attacks on individuals), and I definitely did not read the book.

Jordan Peterson

Microrrelato en ≤140 palabras con dos palabras requeridas

· One min read

Nos hablaba con pasión de un futuro radiante y por eso le hicimos nuestro guía. Fue un estadista clarividente y el comandante que nos llevó a la victoria. El mejor hombre al frente del mejor de los pueblos, el que supo ver la belleza de nuestras armas. Regaba con su sonrisa benefactora a nuestros hijos como regaba con racimos de bombas a los hijos de los otros. Nos enseñó que solo golpeando podíamos estar seguros, y que era mejor golpear antes que ellos. Los campos esterilizados al otro lado del océano y los colgajos de carne de nuestros enemigos empapando la tierra fueron el dulce precio que compró nuestra felicidad. La mano que no tiembla. El halcón perfecto. El espejo en que aún hoy se mira nuestro pueblo. Vaya este microrrelato en su honor, y sea larga su memoria.

A Sora-generated illustration for this microstory

New year's resolutions for 2026

· 10 min read

The answer to the question “should I use an LLM for that?” is increasingly “hell yeah!”, for almost any given “that”.

In the last three or four weeks, as resolutions for the new year were slowly taking shape in my head, it hadn't even crossed my mind to draw inspiration from a source other than my own ideas (and from a few friends, like Fidel). To be honest, I wasn't excited about the resolutions I was coming up with: they felt narrow and a direct continuation of last year's. Then, three days ago, in the middle of the night, I suddenly realised that I am so present on the interwebs, and I have shared so much information over the years about interests, hobbies, accomplishments and failures of mine, that a chatbot should be able to “think” about me and expand my boring set of 2026 goals with some personalised suggestions that I could use!

tripu hiking yesterday
Yesterday's beautiful morning, hiking with the family not far from home