Skip to main content

Mis subrayados en el libro segundo de los «Ensayos» de Montaigne

· 20 min read

(Ver mis subrayados en el primer libro y en el tercer libro.)

Todo lo que he resaltado mientras leía el segundo de los tres tomos que componen los Ensayos de Michel de Montaigne, probablemente la obra de no-ficción más importante de la literatura universal.

Ideas que me hicieron sentir reivindicado en alguna convicción mía previa, ideas que me hicieron gracia, ideas que me inspiraron, o ideas que me espantaron.

Retrato de Michel de Montaigne, fecha desconocida (Wikimedia Commons)

La libertad suprema para decidir no vivir, una idea recurrente en Montaigne y que siento muy mía (a veces él se contradice sobre esto, pero quizá lo hace para no soliviantar demasiado a la religión):

«¿Por qué te quejas de este mundo? No te tiene sujeto: si vives afligido, la causa es tu cobardía; para morir basta con quererlo

«La muerte más voluntaria es la más hermosa. La vida depende de la voluntad ajena; la muerte, de la nuestra. En nada más debemos acomodarnos tanto a nuestras inclinaciones como en esto. La reputación no afecta a tal iniciativa, es insensato tenerla en cuenta. La vida es esclavitud si se carece de libertad para morir

Sin embargo, el mismo argumento racional en contra de un suicidio deseado que hice yo hace poco:

«Aquel que no estima tanto a su mujer o a su amigo como para prolongar su vida, y se obstina en morir, es delicado y blando en exceso. El alma debe ordenarse esto cuando la utilidad de los nuestros lo requiera; a veces tenemos que ofrecernos a nuestros amigos, y, aunque querríamos morir por nosotros, interrumpir nuestro propósito por ellos

No sé si aquí de nuevo se protege contra acusaciones de anatema, o realmente cree esto:

«El ateísmo es una proposición como desnaturalizada y monstruosa, difícil, además, y ardua de establecer en el espíritu humano por más insolente y desordenado que pueda ser. Así, se ha visto a bastantes que, por la vanidad y el orgullo de concebir opiniones fuera de lo vulgar y reformadoras del mundo, se esfuerzan por profesarlo en apariencia, y que, si son lo bastante insensatos, no son sin embargo lo bastante fuertes para fijarlo en su conciencia. Si les asestáis un buen espadazo en el pecho, no dejarán de juntar las manos hacia el cielo.»

…y sin embargo, estas dos citas:

«Para los cristianos encontrar una cosa increíble es un motivo para creer. Es tanto más conforme a la razón cuanto más contraria a la razón humana.»

«Otra región, otros testigos, similares promesas y amenazas podrían imprimirnos por la misma vía una creencia contraria. Somos cristianos por la misma razón que somos perigordinos o alemanes.»

Mob rule:

«Lo que la razón no haría en cada uno, lo hace en todos. El ardor de la sociedad arrastra los juicios particulares.»

«¿Es razonable dejar la vida de un sabio en manos del juicio de los necios? An quidquam stultius quam quos singulos contemnas, eos aliquid putare esse uniuersos? [¿Acaso hay algo más necio que hacer caso en conjunto a aquellos que despreciamos individualmente?]. Quien aspira a complacerles, jamás acaba; es un objetivo sin forma ni consistencia. Nihil tam inaestimabile est quam animi multitudinis [Nada hay tan poco digno de estima como los juicios de la multitud].»

A favor de la verdad (¿«facts don't care about your feelings»?):

«Ninguna virtud se ayuda de la falsedad; y la verdad jamás es materia de error

«No siempre debe decirse todo, pues sería necio. Pero lo que se dice, debe decirse tal como se piensa; de lo contrario, se incurre en maldad. Ignoro qué ventaja esperan obtener de fingir y simular incesantemente, salvo no ser creídos ni siquiera cuando digan la verdad.»

Sobre el amor a los hijos:

«Si existe alguna ley verdaderamente natural, es decir, algún instinto que se vea universal y perpetuamente impreso en los animales y en nosotros —cosa que no deja de ser controvertida—, puedo decir que, a mi juicio, tras el afán que tienen todos los animales por su conservación y por evitar lo nocivo, ocupa el segundo puesto el amor del que engendra por su prole

A favor de la racionalidad:

«Puesto que Dios ha querido dotarnos de cierta capacidad de razonamiento, a fin de que no estemos, como los animales, servilmente sometidos a las leyes comunes, sino que, por el contrario, nos apliquemos a ellas por juicio y libertad voluntaria, debemos ceder un poco a la simple autoridad natural, pero no dejarnos llevar tiránicamente por ella; sólo la razón debe dirigir nuestras inclinaciones. Yo, por mi parte, poseo un gusto extrañamente insensible a estas tendencias que se producen en nosotros sin mandato ni mediación de nuestro juicio.»

«Marchemos firmemente tras la razón. Que la aprobación pública nos siga por ese lado, si quiere; y dado que depende por entero de la fortuna, no podemos esperarla por otra vía mejor que por ésta.»

«Sé muy bien defender una opinión, pero no elegirla.»

Y a la vez, Montaigne, suspenso en racionalidad:

«La medicina se forma por medio de ejemplos y de experiencia; mi opinión, también. ¿No es ésta una experiencia bien clara y bien favorable? No sé si me encontrarán a tres en sus registros, nacidos, criados y fallecidos en el mismo hogar, bajo el mismo techo, que hayan vivido tanto bajo su guía. Han de confesarme en esto que, si no la razón, al menos la fortuna está de mi parte.»

Montaigne dedica un capítulo entero (y pasajes en varios otros capítulos) a humblebragging: «nada se me da bien», «soy más ignorante que mis sirvientes», «no tengo ninguna habilidad», «no sé nada», etc. La idea es noble, pero resulta fastidioso por exagerado: Montaigne era un erudito, un políglota, un bibliófilo y un conocedor de «los antiguos» (los filósofos y poetas griegos y romanos, que son su fuente principal y a los cuales cita centenares de veces de los originales). Además de noble y rico, claro.

Las cuatro citas siguientes son muestras de humildad intachables. Pero las tres de después para mí representan ese postureo blandito de la moderación y la mesura mal entendidas al que me refería: caen en el extremo de casi anular el valor y la utilidad colosales del saber y de la ciencia, que son en síntesis la idea central de los ensayos:

«¿Qué sé yo?»

«No tengo duda alguna de que hablo con frecuencia de cosas que los maestros del oficio tratan mejor y con más verdad.»

«A decir verdad, el reconocimiento de la ignorancia es una de las más hermosas y seguras pruebas de juicio que encuentro.»

«El hombre que presume de su saber no sabe aún qué es saber

«Desearía tener una comprensión más perfecta de las cosas, pero no la quiero adquirir al precio tan alto que cuesta. Mi intención es pasar con dulzura y sin esfuerzo lo que me resta de vida. No quiero romperme la cabeza por nada, ni siquiera por la ciencia, por mucho que sea su valor. En los libros busco solamente deleitarme con una honesta ocupación; o, si estudio, no busco otra cosa que la ciencia que trata del conocimiento de mí mismo y que me enseña a morir bien y a vivir bien.»

«¿Qué provecho podemos pensar que sacaron Varrón y Aristóteles de la inteligencia de tantas cosas? ¿Les libró de los contratiempos humanos?, ¿se salvaron de los infortunios que acosan a un mozo de cuerda?, ¿les brindó la lógica algún consuelo para la gota?, ¿el hecho de saber la manera en que este humor se aloja en las articulaciones, sirvió para que lo sintieran menos?, ¿se acomodaron a la muerte por saber que ciertas naciones se regocijan con ella, y a los cuernos por saber que en alguna región las mujeres son comunes? Al contrario, pese a ocupar el primer rango en el saber, el uno entre los romanos, el otro entre los griegos, y en la época en que la ciencia era más floreciente, no conocemos ninguna particular excelencia de su vida. A decir verdad, el griego está bastante necesitado de descargarse de ciertas máculas notables en la suya. ¿Acaso se ha descubierto que el placer y la salud le saben mejor a quien domina la astrología y la gramática?»

«Los demás han osado hablar de sí mismos porque les ha parecido un asunto digno y rico; yo, en cambio, porque lo he encontrado tan estéril y tan pobre que no puede surgir sospecha alguna de ostentación.»

Humildad epistémica:

«Puede verse con este ejemplo que la indagación de la verdad es exigente al punto que uno no puede fiarse, acerca de un combate, del conocimiento de quien lo ha dirigido, ni de los soldados respecto a lo que ha pasado cerca de ellos, salvo que, como en una información judicial, se confronten los testigos y se admitan las objeciones sobre la prueba de los pormenores de cada hecho.»

…y humildad ontológica:

«Dice Protágoras que en la naturaleza todo es duda; que puede discutirse por igual de cualquier cosa, e incluso de esto, de si puede discutirse por igual de cualquier cosa.»

El imperativo de la ética; hacer lo que creemos correcto aunque nos perjudique (me gusta porque me reivindica frente a posturas más cínicas o relativistas con las que me encuentro a menudo):

«Metelo fue el único, entre todos los senadores romanos, que intentó, por medio del esfuerzo de su virtud, resistir a la violencia de Saturnino, tribuno del pueblo de Roma, que a toda costa quería hacer aprobar una ley injusta en favor del pueblo. Y, como por este motivo incurrió en los castigos capitales establecidos por Saturnino en contra de sus opositores, charlaba con quienes, en tal trance extremo, le conducían a la plaza con estas palabras: que obrar mal era cosa demasiado fácil y demasiado cobarde, y que obrar bien cuando no había peligro alguno era una cosa vulgar, pero que obrar bien con peligro era el deber propio de un hombre virtuoso

El problema no es estar muerto, sino estar muriéndose:

«A los muertos apenas los compadezco, y más bien los envidiaría; pero compadezco muchísimo a los moribundos. Los salvajes no me ofenden tanto, al asar y comerse los cuerpos de los fallecidos, como aquellos que los atormentan y persiguen vivos.»

«Emori nolo, sed me esse mortuum nihili aestimo. [No quiero morir, pero nada me importa estar muerto].»

«Hubo antiguamente hombres tan excelentes en el aprovechamiento del tiempo que intentaron, en la muerte misma, degustarla y saborearla, y que tensaron su espíritu para ver en qué consistía tal tránsito; pero no volvieron para contarnos las noticias.»

Proto-animalismo:

«Apenas capturo ningún animal vivo al que no devuelva la libertad. Pitágoras los compraba a los pescadores y a los pajareros para hacer lo mismo.»

La crueldad es un gradiente:

«En Roma, tras haberse acostumbrado a los espectáculos de matanzas de animales, pasaron a los hombres y a los gladiadores. La propia naturaleza —me temo— ha atribuido al hombre cierto instinto para la inhumanidad.»

¿Abraza-árboles?

«Nos obliga cierto respeto, y un deber general de humanidad, no sólo para con los animales, dotados de vida y sentimiento, sino incluso para con árboles y plantas.»

Estos dos pasajes casan perfectamente con la asimetría entre placer y dolor de David Benatar y con el sesgo de aversión a la pérdida, que son dos ideas en las que creo mucho y que suelo intentar usar para razonar a partir de los principios:

«La miseria de nuestra condición comporta que no tengamos tanto de lo que gozar como de lo que huir, y que el placer supremo no nos afecte tanto como lo hace un leve dolor. Segnius homines bona quam mala sentiunt [Los hombres sienten de forma menos activa los bienes que los males].»

«Nuestro bienestar no es más que privación de malestar. Por eso, la misma escuela filosófica que más ha ensalzado el placer, lo ha reducido a la mera ausencia de dolor. No padecer mal alguno es poseer el máximo bien que al hombre le cabe esperar.»

Montaigne es un mistake theorist (yo también):

«Los tumultos del mundo obedecen en su mayor parte a motivos gramaticales. Nuestras querellas no surgen sino del debate sobre la interpretación de las leyes; y la mayoría de guerras, de la impotencia de no haber sabido expresar claramente los convenios y tratados de acuerdo entre príncipes.»

Ay, las mujeres…

«El acoplamiento con mujeres ablanda y desvía los ánimos

«Las mujeres son siempre proclives al desacuerdo con sus maridos. Aprovechan a dos manos cualquier pretexto para oponerse a ellos; cualquier excusa les sirve de plena justificación.»

«Quienes tengan tratos con mujeres testarudas pueden haber experimentado a qué cólera se las precipita cuando se opone a su agitación silencio y frialdad, y cuando se desdeña alimentar su enojo.»

«Las mujeres usan dientes de marfil cuando les faltan los suyos naturales, y, en lugar de su verdadera tez, se forman una con alguna materia extraña; se hacen muslos de paño y de fieltro, y se añaden carnes con algodón, y, a la vista y a sabiendas de todos, se embellecen con una belleza falsa y prestada

«Nos honrará acaso en los siglos venideros que un docto autor de estos tiempos, y señalado parisino, se esfuerce en convencer a las damas de nuestro siglo de que prefieran tomar cualquier otra vía a caer en la horrible postura de una desesperación tal. Lamento que no haya conocido, para añadirla a sus cuentos, la ocurrencia de la que supe en Toulouse, de una mujer pasada por las manos de ciertos soldados: “¡Loado sea Dios!”, decía, “que al menos una vez en la vida me he saciado sin pecar”. Lo cierto es que estas crueldades no son dignas de la dulzura francesa. Además, a Dios gracias, nuestro aire se ve infinitamente purgado de ellas tras este buen consejo: basta con que digan nones mientras lo hacen, siguiendo la regla del buen Marot.»

«El gran Catón se sintió, igual que nosotros, hastiado de su mujer mientras fue suya, y la deseó cuando pertenecía a otro

«Las demás bellezas son para las mujeres; la belleza de la talla [se refiere a la estatura física] es la única belleza que atañe a los hombres.»

La imposibilidad de la certeza absoluta, y la naturaleza asintótica del saber científico:

«Platón dice sobre el asunto del estado de nuestro cuerpo y del de los animales: “Que lo que hemos dicho es verdad, lo certificaríamos si tuviéramos la confirmación de un oráculo; nos limitamos a asegurar que es lo más verosímil que hemos sido capaces de decir”.»

Steelmanning:

«Más de una vez —lo hago de buena gana— me he dedicado, como ejercicio y distracción, a defender una opinión contraria a la mía, y mi espíritu, aplicándose y volviéndose hacia ese lado, me adhiere a tal punto a ella que dejo de ver la razón de mi primer parecer y me aparto de él. Me arrastro casi hacia el lado al que me inclino, sea el que sea, y mi propio peso me empuja.»

No es nueva:

«Corrección política.»

Los antiguos:

«Los escritos de los antiguos, quiero decir los buenos escritos, ricos y sólidos, me tientan y mueven casi allí donde se les antoja. El que oigo me parece siempre el más vigoroso; encuentro que todos tienen razón, cada uno en su momento, aunque se contradigan. La facilidad que poseen los buenos espíritus para hacer de cualquier cosa algo verosímil, y el hecho de que nada es tan extraño que no intenten darle apariencia suficiente para engañar a una simplicidad como la mía, muestran con toda claridad la endeblez de su prueba.»

«Tengo siempre una idea en el alma que me presenta una forma mejor de la que he llevado a la práctica, pero no la puedo atrapar ni desarrollar. Y aun esta idea es sólo de nivel medio. Infiero de ahí que las producciones de las ricas y grandes almas del pasado están mucho más allá del alcance máximo de mi imaginación y mi deseo. Sus escritos no sólo me satisfacen y colman; me aturden y sobrecogen de admiración. Juzgo su belleza, la veo, si no hasta el fin, al menos hasta tan lejos que me resulta imposible aspirar a ella.»

La tetera de Russell:

«Creer en todas las cosas verosímiles de las que no podemos zafarnos es una gran necedad.»

«Kids these days»:

«¿Quién ha visto alguna vez a viejos que no alaben el pasado y no censuren el presente, cargando sobre el mundo y sobre las costumbres de los hombres la propia miseria y aflicción?:»

Me siento muy identificado:

«La memoria es un instrumento de extraordinaria utilidad, y sin él el juicio hace a duras penas su trabajo. Carezco de ella por completo.»

Dos citas defendiendo el argumento Conservador:

«Entre nuestras leyes y costumbres, hay muchas que son bárbaras y monstruosas. Sin embargo, dada la dificultad de mejorar nuestro Estado, y el peligro de tal hundimiento, si pudiese fijar una clavija en nuestra rueda, y detenerla en este punto, lo haría de buen grado.»

«Es muy fácil acusar de imperfección a un gobierno, pues todas las cosas mortales están llenas de ella; es muy fácil engendrar en un pueblo desdén por sus antiguas costumbres. Jamás nadie que lo intentó dejó de conseguirlo; pero restablecer un Estado mejor en lugar del que se ha arruinado, muchos de quienes lo han intentado se han cansado de esperar

Todos nos creemos suficientemente inteligentes:

«Nunca hubo ganapán ni mujerzuela que no creyera tener suficiente juicio para sus necesidades. No tenemos dificultades para reconocer en los demás la superioridad en valentía, en fuerza corporal, en experiencia, en aptitud, en belleza. Pero la superioridad en el juicio, no la cedemos a nadie.»

¿Cómo tratas a los camareros?

«Dicen los sabios que, para enjuiciar apropiadamente a un hombre, es preciso ante todo examinar sus acciones comunes, y sorprenderle en su vida diaria.»

Esto. Esto.

«El decir es cosa distinta del hacer. Debe considerarse la prédica por un lado y el predicador por otro. En nuestro tiempo, se lo han puesto fácil aquellos que han intentado atacar la verdad de nuestra Iglesia por los vicios de sus ministros. Ésta extrae sus pruebas de otro sitio. Se trata de una necia manera de argumentar, y que lo precipitaría todo en la confusión. Un hombre de buenas costumbres puede tener opiniones falsas, y un malvado puede predicar la verdad, incluso quien no cree en ella. Se produce, sin duda, una hermosa armonía cuando el hacer y el decir van juntos, y no quiero negar que el decir, cuando las acciones le siguen, tiene más autoridad y eficacia.»

Sobre Homero y su legado (❤️):

«¿Qué gloria puede compararse a la suya? Nada hay que viva en boca de los hombres como su nombre y sus obras; nada hay tan conocido y tan aceptado como Troya, Helena y sus guerras, que acaso jamás existieron. Nuestros hijos llevan aún los nombres que él forjó hace más de tres mil años. ¿Quién no conoce a Héctor y a Aquiles?»

C.G.A.T.:

«No tenemos necesidad de seleccionar milagros y dificultades extrañas; me parece que, entre las cosas que vemos habitualmente, hay extrañezas tan incomprensibles que superan toda la dificultad de los milagros. ¿Qué prodigio no es que la gota de simiente por la cual somos producidos contenga las impresiones no sólo de la forma corporal, sino incluso de los pensamientos e inclinaciones de nuestros padres? ¿Esta gota de agua, dónde alberga ese infinito número de formas? ¿Y cómo transportan esas semejanzas de curso tan azaroso e irregular que el bisnieto se parecerá al bisabuelo y el sobrino al tío?»

¿En qué quedamos?

«La irresolución me parece el vicio más común y evidente de nuestra naturaleza.»

«El mayor vicio que observan en nosotros es que nuestros deseos rejuvenecen incesantemente. Estamos siempre volviendo a empezar a vivir.»

Miscelánea:

«Es sentencia de Demóstenes, según se dice, que el inicio de toda virtud es la reflexión y la deliberación, y que su fin y perfección es la constancia

«El uso guiado por la razón es más arduo que la abstinencia. La moderación es una virtud mucho más difícil que la resistencia

«Denuncio toda violencia en la educación de un alma tierna a la que se forma para el honor y la libertad. Hay no sé qué de servil en el rigor y en la obligación, y creo que aquello que no puede lograrse con la razón, y con prudencia y destreza, no se logra jamás a la fuerza. Me han criado así. A lo que cuentan, en toda mi infancia no probé los golpes más que en dos ocasiones, y muy suavemente. He pagado con la misma moneda a los hijos que he tenido; se me mueren todos muy pequeños, pero Leonor, la única hija que ha escapado a este infortunio, ha cumplido más de seis años sin que se haya empleado en su dirección, ni para castigar sus faltas infantiles —la indulgencia de su madre se aplica a ello con suma facilidad—, otra cosa que palabras, y muy dulces.»

«Aunque pudiera hacerme temer, seguiría prefiriendo hacerme amar

«El cerebro se le trastornó, como les sucede a todos los hombres que escudriñan sin moderación conocimientos que no les atañen.»

«Es creíble que existan leyes naturales, como se ve en las demás criaturas. Pero en nosotros se han perdido. La bonita razón humana se injiere por todas partes para dominar y mandar, revuelve y confunde el rostro de las cosas según su vanidad e inconstancia.»

«Amas entre tanto ornamento: con esta égida.»

«Los tormentos, más que mitigar los vicios, los avivan; no engendran el afán de hacer el bien —éste es obra de la razón y la enseñanza—, sino tan sólo el afán de no ser sorprendido haciendo el mal.»

«Dante, en una página de su Convivio (I, 2), establece que sólo caben dos justificaciones para hablar de uno mismo: defenderse (como Boecio en su Consolación de la filosofía) y ayudar al prójimo (como san Agustín en sus Confesiones).»

«No es decoroso darse a conocer salvo si se tiene algo en lo que hacerse imitar, y una vida y unas opiniones que puedan servir de modelo.»

«Et patimur longae pacis mala; saeuior armis, luxuria incumbit [Y padecemos los males de una larga paz; más cruel que las armas, el lujo nos oprime].»

«Tenemos un pie en la tumba, y nuestras ansias y aspiraciones acaban de nacer.»

«Llamamos contrario a la naturaleza a aquello que sucede contra la costumbre. Nada existe que no esté de acuerdo con ella, sea lo que fuere.»

«No debe juzgarse qué es posible y qué no lo es por lo que le resulta creíble o increíble a nuestro entendimiento.»

«“Iactantius moerent, quae minus dolent” [Lloran con más alarde quienes menos dolor sienten].»

IP 

Retrato de Michel de Montaigne, fecha desconocida: Wikimedia Commons (CC)