Hace pocos meses nació un nuevo podcast en el panorama español:
Bola de Cristal. Las dos personas detrás de
la idea —y detrás del micrófono— son Elías Domingo e Ismael Soto, profesionales inquietos y
comunicadores natos con una lista interminable de intereses variados que alimenta el guión semana tras semana.
El último capítulo (que hace ya el número catorce)
está dedicado a las próximas elecciones a la presidencia de EEUU,
y además de las voces habituales de Ismael y de Elías, cuenta con la participación de Guillermo Fesser, el
conocido humorista y periodista, desde hace unos años residente en EEUU.
Este pasado lunes, 19 de noviembre, fue el Día Internacional del Hombre,
una fecha simbólica celebrada en muchos países, pero completamente ignorada en España.
Calvo se dice feminista. La definición de feminismo en el diccionario de la Real Academia es:
«principio de igualdad de derechos de la mujer y el hombre». (Esta es una
definición de mínimos y poco controvertida con la que la gran mayoría estaremos de acuerdo, incluidos los
feministas que no somos dogmáticos.) Por tanto, no es descabellado asumir que lo que Calvo piensa realmente
es: si unapersonano dice «sí» expresamente, todo lo demás es «no» (ya que obviamente, estar
de acuerdo con su frase original pero no con esta variante en la que sólo he sustituido «mujer» por «persona»
sería incompatible con defender la «igualdad de derechos de la mujer y el hombre»).
Hace unos días, el grupo de Altruismo Efectivo de Madrid celebró una reunión —que llamamos estratégica—
en un aula de la Facultad de Matemáticas de la Universidad Complutense (el lugar no podía ser más
significativo). Fue la segunda quedada del grupo, con su composición actual, en esta nueva etapa. Somos apenas
una decena de personas (de momento), pero todas interesadas en racionalidad y en causas altruistas
basadas en evidencias. Y especialmente, todas ilusionadas por tener un impacto positivo y por promocionar
estas ideas en Madrid y en otros lugares de España.
Parte de los asistentes a la primera reunión (marzo de 2018)
Queremos atraer la atención hacia iniciativas ambiciosas, que están olvidadas de la opinión pública, y para
las que hay posibilidades de éxito; y maximizar el impacto positivo.
Pocas personas que estén leyendo esto discutirán que las causas que llamamos «altruistas» son —casi por
definición— laudables. Seguramente, muchos de nosotros arrastramos una vaga sensación de que somos
afortunados por la posición que tenemos en el mundo, y de que podríamos hacer mucho más por mejorar nuestro
entorno y el futuro.
«Desde el principio se sabía que el famoso derecho a decidir era un hábil eufemismo con el fin de enmascarar
el inexistente, en condiciones de países democráticos, derecho de autodeterminación de “los pueblos”.»
Una de mis tareas recurrentes en Remember The Milk se llama «check
events for next week» y es un recordatorio semanal: cada viernes, al acabar la jornada, intento echar un
vistazo a algunos de los conciertos, exposiciones, charlas, meetups, talleres, etc. que están anunciados en
Madrid o alrededores para la semana siguiente. Lo hago ojeando varias URLs y fuentes RSS de una pequeña lista
que mantengo: desde la
agenda de la Fundación Ramón Areces
hasta el RSS de escepticos.es, pasando por los
grupos de meetup.com en Madrid
y las actividades del Instituto Juan de Mariana.
Ayer, entre los títulos y descripciones que leí por encima, encontré —una semana más— un par de entradas
dignas de facepalm y de vergüenza profesional ajena. Si eres asiduo o cómplice en círculos de
emprendedurismo, start-ups, software, tecnología y cosas así, probablemente estés acostumbrado a estas
cosas y no te sorprenda mucho lo que voy a compartir. Si es tu caso, hoy te propongo que leas los anuncios de
estas dos charlas con la mente limpia y un espíritu crítico.
Playas casi desiertas de roca volcánica, balsas de arena blanca y agua turquesa. Un verano moderado, pero
pegajoso y eterno. Paseos solitarios en bicicleta por estrechas carreteras asfaltadas que serpentean entre
arbustos semitropicales. Pasar la mañana en una cala expuesta a la brisa, y más tarde echar la siesta a la
sombra de cañas de azúcar, en la cala al otro lado de la colina. Platos de pescado servidos con respetuosa
humildad en los pocos restaurantes que uno encuentra por el camino.
No es Hawaii ni Costa Rica. Tampoco es Cabo Verde. Ni siquiera es el ecuador a su paso por el sudeste de Asia.
Es Japón; ese país que habitualmente asociamos a geishas, androides ultrarrealistas, cerezos en flor,
pantallas luminosas ocupando fachadas enteras y oficinistas trajeados que desfilan en formación por calles
atestadas.