Pobres privilegios
En contra de la obsesión victimista y etnocéntrica por identificar privilegios, y a favor de un feminismo de la equidad
En 2017 todos vivimos en burbujas de pensamiento, más o menos reducidas, que en cualquier caso cuesta esfuerzo agrandar o reventar. Por eso, leo y escucho casi con más interés a los feministas de género (los de la interseccionalidad y el heteropatriarcado, la identidad sexual vaporosa y la justicia social, para entendernos) que a las voces heterodoxas con las que me suelo identificar más: feministas de equidad, liberales en su sentido viejo, pensadores que ponen siempre al individuo por delante del grupo y que incorporan las conclusiones de la psicología evolutiva y de la ciencia en general.
Entre los primeros, Barbijaputa se ha ganado una posición como referente español en los últimos años. Su vertiente del feminismo sintetiza algunos de los aspectos que — en mi opinión — están más alejados de un feminismo moderno, realista, científico, humanista y con vocación global.




